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SALVEMOS LOS BOSQUES
Protección y prevención de incendios

SALVEMOS
LOS BOSQUES

Protección y prevención
de incendios

Una de las más peligrosas contradicciones del presente es que no solo provocamos graves enfermedades en los elementos esenciales para la vida y su continuidad, sino que también dañamos a lo que podría servirnos de antídoto.

Aunque la mejor medicina para combatir el daño total que supone el cambio climático es erradicar nuestro actual modelo energético, no cabe duda de que necesitamos a todos los sumideros de carbono posibles.

Los árboles y los bosques desempeñan una función crucial, pero no dejan de encontrarse, al mismo tiempo, entre las principales víctimas del cambio climático.

Necesitamos igualmente los suelos fértiles de praderas y sabanas, la agricultura ecológica y una voluntaria reducción de la comodidad y velocidad que caracterizan a los países industrializados.

Resulta dramático que tal medicina esté enferma, con lo que quedan mermados todos los otros regalos que los árboles del mundo nos hacen y que tantos consideran que son servicios ambientales.

Todo lo que nos dan los árboles no nos cuesta, literalmente, nada. Es decir, las grandes dádivas del bosque no nos exigen gasto económico alguno.

 

Comisario y textos: Joaquín Araújo

con la colaboración de José Ramón González Pan

TAREAS Y REGALOS
DEL BOSQUE

Las destrezas que los árboles ponen a disposición de la vida son tantas que podemos calificarlas de inabarcables. Urge que incorporemos a nuestro conocimiento lo que supone que los bosques sean el gran hogar de la multiplicidad vital. De hecho, algo más de la mitad de las especies vivientes son inquilinos de las arboledas.

Todavía es más crucial que los árboles conviertan la luz solar en materia orgánica y que, en realidad, todo dependa de esa capacidad. Pero además de ese regalo, son fábricas de transparencia, al liberar el oxígeno que nos mantiene.

Como también son los mejores administradores del agua que conocemos, se puede afirmar que todos los suelos forestales son lagos disfrazados, ya que llegan a retener más agua de la que circula por los ríos.

Es muy importante, asimismo, que los bosques sean creadores netos de fertilidad, que sean barreras contra la erosión y, por tanto, contra el avance de los desiertos.

A todo ello debe sumarse que de los bosques del planeta todavía viven directamente casi dos mil millones de personas gracias a los casi tres mil productos, frutos, principios y energía que proporcionan.

SEAMOS AMIGOS
DE LA TRANSPARENCIA

Se ha afirmado muchas veces que la importancia de algo se mide por el número de quienes aprovechan y la cantidad de veces que estos hacen uso del mismo. De ahí que nada sea más crucial que el aire. Con la excepción, claro, de los vegetales que lo producen.

Sin embargo, tenemos numerosos enemigos, porque son demasiadas las agresiones a los bosques. Las arboledas padecen muchas persecuciones directas por parte de los humanos que exhiben así una monumental ignorancia y un perverso masoquismo. Las indirectas resultan poco menos que infinitas y casi todas parten del pésimo uso que esta civilización hace de la natura.

Conocemos bien las agresiones que se convierten en noticia, como es el caso de los incendios forestales. No se tienen tan presentes los atentados que suelen quedar justificados por cuestiones económicas. Entre los mismos figuran los excesos de la ampliación de la frontera agraria, los aprovechamientos madereros insostenibles, los urbanismos mal planificados, la contaminación y la devastadora proliferación de enfermedades auspiciadas por el cambio climático.

Para todas estas enfermedades que nos restan vivacidad, multiplicidad, salud y transparencia tenemos antídotos. El más eficaz es, al mismo tiempo, el más eficiente y barato. Es la prevención, la defensa pasiva, la protección estricta de los últimos bosques primarios que nos quedan. Pero, sobre todo, la austeridad voluntaria a la hora de consumir, sobre todo energía.

Debemos incluir entre nuestros principales estímulos a la hora de actuar que todo esfuerzo físico, por pequeño que sea, es una contribución a la transparencia de la atmósfera, es decir, a la continuidad de la vida en este planeta.

DE TI DEPENDE

Plantar árboles goza de una excelente buena imagen. Esta forma de actuar, por suerte, se ha generalizado en los últimos 30 años. Hoy son miles las personas y organizaciones empeñadas en reponer las pérdidas que el bosque sufre por los incendios. En cualquier caso, pocos actos de respeto a la Natura resultan más oportunos que las plantaciones.

Joaquín Araújo, comisario de la exposición, ha plantado aproximadamente un árbol por cada día que ha vivido, unos 25.000.

SALVEMOS LOS BOSQUES
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